El mundo del poeta maldito: Charles Baudelaire

Esta semana propongo un acercamiento a la poesía a través de una figura que siempre me ha atraído: la del poeta maldito. Ese escritor atravesado por los excesos, obsesionado por la visión del mal, el paria que vive al margen, consumido por sus pasiones y por la melancolía.

No hay duda de que uno de los más grandes ha sido el maravilloso Charles Baudelaire.

El poeta rebelde

Algunos lo consideran el pionero de la poesía moderna. Nacido en París el 9 de abril de 1821, pasó su infancia y adolescencia entre conflictos familiares, marcados por la temprana muerte de su padre y el profundo desprecio hacia la nueva pareja de su madre.

En 1839 fue expulsado del Liceo Louis-le-Grand por indisciplina. Poco después se matriculó en la Facultad de Derecho de la Universidad de París, donde entró en contacto con grandes autores como Gérard de Nerval y Honoré de Balzac, además de jóvenes poetas del Barrio Latino —donde aún hoy se encuentra la célebre librería Shakespeare & Company, fundada en 1919—.

Allí comenzó a coquetear con la vida bohemia y los excesos. Como profesión se dedicó a la crítica de arte, escribiendo ensayos sobre Delacroix, Manet y otros artistas de su tiempo.

Los excesos de una vida trágica

Durante su vida, Baudelaire se expuso a prácticamente todos los males de su época: el alcohol, las drogas, la sífilis (que lo acompañó hasta su muerte en 1867).

Pero incluso entre la fealdad y la degradación física encontraba belleza y sublimidad a través de su poesía. Fue, sin dudas, un poeta innovador, valiente, inteligente y profundamente rebelde.

El enemigo: spleen e ideal

A continuación comparto un soneto perteneciente a Las flores del mal (1857), la obra máxima de Baudelaire. El poema se encuentra en la primera sección, titulada “Spleen e Ideal”: dos conceptos que definen gran parte de su obra.

  • Spleen: el hastío, la tristeza profunda, el desencanto del hombre moderno.

  • Ideal: la búsqueda de la belleza y la trascendencia a través del arte.

El enemigo

Mi juventud fue solo tenebrosa tormenta,
atravesada a veces por soles centelleantes;
las lluvias y los rayos hicieron tal estrago,
que pocos son los frutos bermejos del jardín.

Pues bien, he tocado ya el otoño de la idea,
y es hora de emplear las palas y rastrillos
y agrupar como nuevas las tierras inundadas,
donde las aguas cavan sus pozos como tumbas.

Quién sabe si las flores nuevas con las que sueño
hallarán en el suelo lavado como playa
el místico alimento con que harán su vigor?

-¡Oh, dolor! ¡Oh, dolor! Come la vida el Tiempo,
y el oscuro enemigo que el corazón nos roe
con sangre que perdemos crece y se fortifica.

(Ilustración: Odilon Redon para Las flores del mal)

Una lectura personal

Creo que este poema representa a la perfección la confluencia entre spleen e ideal. Por un lado, expresa el carácter destructivo del tiempo, ese enemigo ineludible que consume poco a poco la vida. Pero también deja entrever momentos felices, “soles centelleantes”, que nos recuerdan la posibilidad de la belleza.

 

Personalmente, este soneto se quedó conmigo desde la primera lectura.